Solidez económica
- Publicado el 06 de Abril de 2026
La evolución del conflicto en Oriente Medio pone a prueba la resiliencia de la economía mundial, genera nuevas presiones inflacionistas y crea una elevada incertidumbre, según las últimas Perspectivas Económicas Intermedias publicadas por la OCDE.
El crecimiento mundial se ha mantenido estable a principios de 2026, respaldado por la sólida producción tecnológica, la reducción de los aranceles efectivos aplicados por Estados Unidos a sus importaciones y el impulso heredado de 2025. La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio amenaza con lastrar el crecimiento mundial al tiempo que intensifica las presiones alcistas sobre la inflación.
En este contexto, las Perspectivas de la OCDE prevén un crecimiento mundial del 2,9 % en 2026 y del 3,0 % en 2027. La evolución del conflicto en Oriente Medio es muy incierta y plantea riesgos considerables en estas proyecciones de referencia. En caso de que se prolongaran las actuales tensiones y los precios de la energía se mantuvieran en niveles altos más allá de mediados de 2026, las perspectivas de crecimiento se verían aún más afectadas.
Se prevé que el crecimiento del PIB en Estados Unidos alcance el 2,0 % en 2026, antes de moderarse hasta el 1,7 % en 2027. En la zona del euro, el crecimiento se situará previsiblemente en el 0,8 % en 2026 y en el 1,2 % en 2027. Por su parte, en China se espera que el crecimiento descienda al 4,4 % en 2026 y al 4,3 % en 2027. Las presiones inflacionistas persistirán durante más tiempo y se estima que en 2026 la inflación sea mayor de lo esperado, como resultado de la subida de los precios mundiales de la energía. Se prevé que la inflación general en el G20 sea del 4,0 % en 2026 y se modere hasta el 2,7 % en 2027.
Las Perspectivas de la OCDE ponen de relieve una serie de riesgos. La previsión de que disminuyan los precios de la energía en el futuro asume que las actuales tensiones del suministro se atenúen con el tiempo y sean limitadas en 2027. Si se prolongara el cierre de los centros de producción de petróleo y gas en la región o persistiera la alteración de las exportaciones que atraviesan el estrecho de Ormuz, probablemente aumentarían los efectos negativos sobre los precios de la energía, las expectativas de inflación y el crecimiento futuro.
Estas Perspectivas señalan que el incremento de los precios de la energía y los fertilizantes podría provocar subidas en los precios de los alimentos, lo que afectaría sobre todo a los hogares vulnerables. El aumento de los precios de la energía también podría incrementar los costes para los países europeos que lleven a cabo la necesaria reposición anual de sus reservas de gas natural. Los mercados financieros podrían experimentar una mayor volatilidad al tiempo que el aumento de la rentabilidad en los bonos soberanos a largo plazo incrementaría los riesgos fiscales.
En este complicado contexto, las Perspectivas ponen el foco en las principales prioridades para los responsables políticos. Los bancos centrales deben mantenerse alerta y garantizar que las expectativas estén bien ancladas. Es necesario redoblar los esfuerzos para salvaguardar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Cualquier medida destinada a amortiguar el impacto económico de la crisis energética deberá ser específica, temporal y tener en cuenta el limitado margen fiscal del que disponen la mayoría de gobiernos. La reducción de las barreras comerciales impulsaría la producción y reduciría los riesgos inflacionistas. A medio plazo, la mejora de la eficiencia energética y la reducción de la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles puede disminuir la exposición a futuras tensiones geopolíticas.

